Un asana para sanar

Mi alma honra a tu alma. Honro el lugar en el que reside todo el universo. Honro la luz, el amor, la verdad, la belleza y la paz dentro de ti, porque también está dentro de mí. Al compartir estas cosas estamos unidos, somos lo mismo, somos uno.              – Namasté

Desde hacía tiempo que tenía esa necesidad de experimentar por mi misma lo que era una clase de yoga, había escuchado, leído y me habían recomendado probar. Y cómo dice el dicho ” Por mucho que te cuenten algo de la pimienta, la única forma de saber cómo es, es ponérsela en la boca”. Así que investigué, en ese entonces vivía en Costa Rica y  encontré un estudio cerca de mi barrio. Llamé y me apunté. Lo desconocido asusta un montón. Cuando no sabes qué esperar de algo, aumentan las probabilidades de que te quedes sin hacerlo solo por el miedo a no poder anticipar lo que va a pasar. Pero, a pesar de ese miedo que podía sentir, no fue mi caso y me planté allí el día de la clase.

Me acuerdo perfectamente como si fuera ese día, mi primer clase de yoga. Hace 14 años ya, madre mía! Recuerdo el estudio, un sitio acogedor, cálido por una luz tenue, ese olor  entre almizcle y canela, cuencos tibetanos que se escuchaban de fondo en cada rincón,  se respiraba un ambiente de relax y de quietud. Seis esterillas de diversos colores posaban sobre el suelo, alguna de ellas ya ocupadas por personas que esperaban sentadas en silencio el comienzo de la clase, con sus piernas entrecruzadas y sus manos en posición de rezo en el pecho. Me acuerdo que en ese momento me surgieron un montón de dudas: ¿Digo algo?, ¿Dónde me siento?, ¿Tengo que descalzarme?, ¿Qué hago aquí? En ese preciso momento y debido a que mi cara sería todo un poema, se me acercó una mujer, de unos treinta y pocos, que con una serenidad y calma, me guío hasta mi lugar; imitando un poco al chico que estaba a mi lado, me senté y frente a nosotros, mi primera profesora de yoga, Orit, nos dio la bienvenida y explicó pacientemente en que consistía su clase. Seguidamente, iniciamos la clase con un saludo, llevando las dos manos juntas hacia el pecho como si fuéramos a rezar, mi primer contacto con Namasté.  Y ahí de pie con el saludo al sol, desde la posición de oración, comenzó una hora llena de inesperadas sensaciones.

Desde ese momento y después de esa clase, que no voy a mentir, resultó ser un poco desastrosa ya que no tenía idea de las posturas que estaba haciendo o de cómo iba el tema de la respiración; al terminar, cerrar los ojos,  llevar las manos en namasté y cantar en coro Ohm, algo ocurrió dentro de mí, una mezcla de sensaciones y un conectar con mi ser que sólo anhelaba volver a otra clase y continuar aprendiendo su filosofía, sus posturas, sus respiraciones y meditaciones.

A partir de ese primer encuentro, de darle la bienvenida al yoga a mi vida, es una práctica que me acompaña esté donde esté. He pasado por muchos tipos de yoga, desde el Hatha yoga, Vinyasa yoga, Yoga aéreo, entre otros, hasta llegar a la práctica de Ashatanga yoga, la que hago ahora en Málaga y la que me ha llevado realmente a querer profundizar más y a formarme.  El aprendizaje que cada sesión, asana, pranayama y meditación me ofrece, es infinito. Es un proceso continuo ininterrumpido de crecimiento. Para el yoga, el cuerpo es el templo donde mora el sí mismo. Cualquier progreso pasa por una mejora del cuerpo, que ha de estar sano y libre de tensiones. Se experimentan primero cambios fisiológicos que derivan en comportamientos musculares y respiratorios distintos de lo usual y lo que se va experimentando físicamente con facilidad se traslada al aspecto mental, produciendo cambios psicológicos. Es aquí dónde encontré esa anhelada búsqueda de conexión interna.

Mi vida dio un giro de 180 grados al tomar la decisión de vivir acorde a esta filosofía. A vivir bajo el concepto de Namasté, a dar paso al yoga y a la meditación, lo que significa y lo que ha transformado mi vida. Ahora quiero practicarlo por el mundo, de ahí nace este blog, Natmaste por el mundo. Durante mis viajes continuaré conectando internamente mediante el yoga y la meditación; esté donde esté, creciendo cada vez más, profundizando y formándome.

El resultado final es que la práctica de yoga mediante sus asanas y pranayamas producen un bienestar corporal y paz mental.

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La meditación en el corazón trae la luz sobre el alma para alcanzar la más alta realidad lo antes posible.

– Sri Chinmoy

De ahí,  UN ASANA PARA SANAR.

Pura Vida,

Nat.

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